ADMD encuentro de Habitat

I – Resumen:
En el momento en que estoy redactando las primeras líneas de este
documento, en el mundo han ocurrido un sinnúmero de eventos
catastróficos. Un maremoto de 7,2 grado de magnitud golpea la isla
de Java, la más poblada de Indonesia, dejando un saldo lamentable
de 350 víctimas, cientos de heridos, desaparecidos y 10 mil
desplazados. En el mes de junio china es afectada por un Tifón que
dejó un saldo de 80 muertos y pérdidas materiales incalculables.

Las fuertes lluvias precipitadas en varios países de Norteamérica,
Centroamérica, el Caribe y Suramérica han desplazado a miles de
familias evacuadas por las autoridades en cada país, quedando sin
techo y sin ajuares.

En el país las fuertes lluvias precipitadas en los meses de junio y julio
del presente año, dejaron incomunicadas a localidades situadas en
Santiago de los Caballeros, Monte Plata, el bajo Yuna, entre otras
zonas que igual fueron inundadas y miles de familias socorridas por
los organismos oficiales.

La temporada de huracanes 2006 es muy joven como para
pronosticar que no será intensa. El gran número de tormentas
tropicales y huracanes registrados han contribuido a que los daños de
los desastres naturales de los años 2004 y 2005 sean los más
elevados de la historia. En el 2005 las tragedias naturales
ocasionaron daños económicos por más de 200 mil millones de
dólares. Huracanes, terremotos, tsunamis y tormentas tropicales
mataron a más de 350 mil personas.

En República Dominicana estos hechos nos llevan, como siempre, a
reflexiones que luego olvidamos por la rutina del diario vivir; solo
cuando nos golpea fuertemente algún fenómeno de la naturaleza
hablamos sobre la importancia de prevenir antes que lamentar. Las
comunidades angustiadas ante la impotencia cuando
lamentablemente ocurre un desastre se refieren a las autoridades y al
sistema de respuesta de emergencia en términos despectivos.

Lo cierto es que, cada año en las comunidades afectadas por
inundaciones o cualquier evento atmosférico o geológico se repiten
los mismos escenarios de ineficacia y decepción por la llegada tarde
de las autoridades al auxilio de la gente.

La ADMD entiende que por la precariedad en la que se desenvuelven
las autoridades de emergencia, la falta de planes educativos a corto y
largo plazo, la debilidad de las políticas públicas y la carencia de

recursos económicos, no podrá implementarse el sistema nacional de
gestión de riesgo en los niveles que se tiene concebido, por las
debilidades del mismo y elementos a mejorar dentro de la ley 147-02
como tal.

En nuestro país hace falta una real descentralización en materia de
gestión de riesgos, que lleve a las presentes autoridades y a los
sectores que tienen que ver con la prevención y mitigacion de
desastres a entender que eso se logra aunando esfuerzos,
capacidades y voluntades, sin ánimos de pretender ser protagonistas
de escenarios de tristeza y dolor para la población.

II – Debilidades del sistema de Gestión de Riesgos:

En la actualidad, nos encontramos con un sistema nacional de gestión
de riesgo a nivel regional, provincial y municipal, que no está del
todo bien estructurado, el mismo está limitado. Por ejemplo:

• Es necesario una difusión de la ley 147-02 en la población para
que los diferentes sectores la conozcan y pueda propiciarse una
reforma tendente a la descentralización de las funciones.

• Todavía no están formados todos los comités a nivel provincial
y municipal.

• En los que ya existen, sus miembros tienen un bajo nivel de
conocimiento del tema de prevención, mitigación y respuesta
ante desastres.

• En algunas regiones el proceso de conformación de las
estructuras se ha visto afectada por la lucha de intereses
económicos y políticos.

• Se nota una ausencia de planes y programas educativos
dirigidos a la población desde los niveles formales e informales
de la educación.

• Los comités no cuenta con los equipos necesarios de
orientación y respuestas para atender las demandas de las
comunidades.

• En los distintos niveles de la estructura esta está desvinculada
de las comunidades (la población no conocen los
representantes).

Entre otras debilidades que desdicen lo establecido en la ley 147-02
y que citamos a continuación.

III – Considerandos que dieron origen a la creación de la ley
147- 02 sobre Gestión de Riesgos

Aun cuando desde hace tiempo varios organismos operativos de
respuesta han promovido iniciativas de capacitación para la atención
de emergencia, hoy es necesario llevar a cabo, mediante
instrumentos previamente elaborados con el concurso de diversas
entidades, una capacitación permanente en la gestión integral de
riesgos, tanto a nivel regional, provincial como municipal.
Es necesario impulsar la participación de la comunidad en la gestión
de riesgos, involucrando en el proceso organizaciones comunitarias,
asociaciones o entidades que apoyen, entre otras, el trabajo de
comunidades, la reubicación de asentamientos humanos en riesgo, la
gestión ambiental o la reconstrucción post-evento.

IV – Fundamentos de la política de gestión de riesgo

Protección:

Las personas que se encuentren en territorio nacional deben ser
protegidas en su vida, en integridad física, su estructura productiva,
sus bienes y su medio ambiente frente a los posibles desastres o
eventos peligrosos que pudieran ocurrir.

Prevención:

La acción anticipada de reducción de la vulnerabilidad y las medidas
tomadas para evitar o mitigar los impactos de eventos peligrosos o
desastres son de interés público y de obligatorio cumplimiento.

El Ámbito de competencias:

En las actividades de prevención, mitigación, preparación y respuesta
ante desastres, se tendrá en cuenta para efectos de ejercicio de las
respectivas competencias la observancia de los criterios de
coordinación, concurrencia, complementariedad y subsidiariedad
institucional.

La coordinación:

Las entidades de orden nacional, regional, provincial municipal y
comunitario deberán garantizar que exista la debida armonía,
consistencia, coherencia y continuidad en sus actividades en la
relación con las demás instancias sectoriales y territoriales.

La participación:

Durante las actividades de prevención, mitigación y respuesta ante
desastres, las entidades competentes velarán porque se haga efectiva
los canales y procedimientos de participación ciudadana previstos por
la ley.

La descentralización:

Los organismos nacionales y las entidades regionales, provinciales y
municipales ejercerán libremente y autónomamente sus funciones en
materia de prevención, mitigacion y respuesta ante desastres con
estricta sujeción a las atribuciones que a cada una de ellas se les
haya asignado.

V – Sobre los Comités Regionales, Provinciales y Municipales
de Prevención, Mitigación y Respuesta ante Desastres.
(Artículo 14; párrafos 1, 2, 3 y 4)

Se crean los Comités Regionales, Provinciales y Municipales de
Prevención, Mitigación y Respuesta ante Desastres en cada una de
sus demarcaciones geográficas, en el Distrito Nacional y en cada uno
de los Municipios del país, los cuales estarán presididos por la
Gobernación, la Defensa Civil, y el Presidente de la Cruz Roja local y
en el nivel provincial en el Distrito Nacional y el nivel municipal.

Estos comités regionales, provinciales y municipales estarán
integrados por las mas altas autoridades provinciales y municipales,
según el caso de planificación, Medio Ambiente, Recursos Naturales,
Obras Públicas y Comunicaciones, Educación, Agricultura, Salud
Pública, Asistencia Social, Fuerzas Armadas, Policía Nacional, Defensa
Civil, Cruz Roja, Bomberos, Recursos Hidráulicos, Agua Potable y
Alcantarillados, Viviendas y organismos municipales. Asistirán
además dos representantes de la sociedad Civil organizada escogidos
de las asociaciones gremiales, profesionales o comunitarias.

Cada comité regional, provincial o municipal podrá, por decisión
propia, convocar a representantes o delegados de otras
organizaciones o a personalidades de reconocido prestigio y de
relevancia social en su respectiva comunidad para lograr una mayor
integración y respaldo comunitario en el conocimiento las decisiones
de los asuntos de su competencia.

Cada comité Regional, Provincial, del Distrito Nacional o municipal
tendrá un coordinador administrativo y secretario del Comité quien
será un delegado designado al efecto por el Director Ejecutivo de la
Defensa Civil, por recomendación de la Gobernación Regional o
Provincial según el caso, y un coordinador operativo quien será el
delegado del Ayuntamiento y la Cruz Roja Dominicana.

En adición a los componentes de la estructura en los niveles antes
plantados, cada Región, provincia y municipio debe tener su Plan de
Emergencia.

VI – Dentro del ciclo de los desastres R. D. se encuentra en
una fase que se repite de manera incesante.

Vistas algunas de las debilidades en el funcionamiento del sistema de
gestión de riesgos en el país, debemos señalar una extenuación que
tiene que ver con un momento estacionario que parece no cambiar,
ya que estamos detenidos entre dos fases del ciclo de los desastres,
obviando la de mitigación y preparación relacionadas con la
educación y formación de la población.

Entrando al ciclo de los desastres, nos encontramos con que nos
impacta el evento o fenómeno, este a su vez ocasiona un desastre
(pérdidas de vidas y bienes, refugiados, desplazados, daños
emocionales, etc.) Viene la respuesta de las autoridades y
organismos privados y Ongs (asistencia médica y alimenticia,
movimiento de refugiados y evaluación de daños). Pasamos luego a
la reconstrucción (reconstrucción de carreteras, reposición de los
sistemas eléctricos y de comunicación y mejoras de viviendas) Los
próximos dos pasos son los referentes a la mitigación y
preparación, sin embargo, es muy limitado lo que se está haciendo
en estos dos pasos, ya que estamos moviéndonos del impacto del
desastre a la reconstrucción y ese es uno de los grandes obstáculos y
desafíos que tenemos.

La fase de Mitigación y Preparación es la referente a la educación de
la población en todos los aspectos relacionados con la gestión de
riesgos. Conocimiento de los riesgos naturales a los que está
expuesta la población, elaboración de planes de emergencia,
organización comunitaria, discusión de políticas de desarrollo, etc.

VII – Desarrollo versus pobreza en el proceso de gestión de
riesgo.

Los desastres naturales se encuentran íntimamente ligados a los
procesos de desarrollo humano, paradójicamente. Una vez
provocados por los fenómenos naturales y otra por las autoridades y
entidades privadas.

Los desastres hacen peligrar las ventajas que ofrece el desarrollo. A
su vez, las decisiones que toman los individuos, comunidades y
naciones en materia de desarrollo pueden implicar una distribución
desigual del riesgo de desastres.

En países afectados por fenómenos naturales o humanos, las
pérdidas asociadas a desastres hacen extremadamente difícil cumplir
con los objetivos de desarrollo. Los desastres conllevan la destrucción
de infraestructuras, el deterioro de los medios de vida, el daño a los
ecosistemas y al patrimonio arquitectónico, así como un sinfín de
heridos, enfermos y muertos. Pero las pérdidas por desastres
interactúan con otras fuentes de tensión tales como las crisis
financieras, los conflictos políticos o sociales, las enfermedades
(especialmente el sida), el deterioro del medio ambiente, pudiendo
incluso agravarlas.

Asimismo, las perdidas ocasionadas por desastres pueden retrasar o
erosionar las inversiones sociales dedicadas al alivio de la pobreza y
el hambre, a la educación, a los servicios de salud, a una vivienda
digna, al agua potable y saneamiento, o a la protección del medio
ambiente, así como las inversiones económicas que generan empleo
e ingresos.

El desarrollo debe ir orientado a enfrentar la pobreza, no a contribuir
al aumento de indigencia y de los niveles de riesgos de la población.
Hemos visto, y está demostrado, que el riesgo de desastre se
acumula históricamente debido a prácticas de desarrollo desacertadas
implementadas por los gobiernos y organizaciones no
gubernamentales. Por ejemplo: escuelas, hospitales y viviendas
construidas en zonas vulnerables que luego se derrumban o quedan
totalmente tapadas por inundaciones. Proyectos que en sus días
fueron concebidos como obras de desarrollo hoy han contribuido a
poner en riegos a la población. Esas prácticas equivocadas deben
ser remplazadas por una visión correcta de desarrollo sostenible, si
queremos conseguir el bienestar de la gente.

VIII – Cómo debe responder una comunidad durante cada
momento de un desastre.

Las comunidades organizadas y acompañadas se preparan mejor y
responden con efectividad ante eventualidades desastrosas; de hecho
durante muchos años han tenido que ingeniársela para auto
protegerse.

Desde hace 15 años, primero como CDMD y luego como ADMD,
venimos promoviendo en el país y las comunidades, la necesidad de
que éstas se preparen para poder responder de manera oportuna
ante situaciones de daños o alteraciones intensas (desastres
naturales) que pudieran afectarles.

Hemos visto con gran interés como las comunidades están en
capacidad de poder asumir un rol decisivo una vez son organizadas y
educadas.

La incidencia e impacto positivo del Programa de Educación
Comunitaria de la ADMD, muestra el resultado de 62 proyectos de
Educación en Prevención y Mitigacion de Desastres naturales
ejecutados en una gran parte del país. Beneficiando a 800
comunidades que cuenta con las informaciones necesarias y han
conformado algún tipo de coordinación desde los Comités
Comunitarios de Emergencias.

Cada Comité ha logrado con la participación de las mujeres, niños,
niñas, adolescentes y ancianos elaborar sus mapas de riesgos e
identificar las vulnerabilidades y amenazas; ubicando los recursos
disponibles.

Asimismo, cada comunidad involucrada ha elaborado su Plan
Comunal de Emergencias. Construyó en algún lugar de su sector una
obra pequeña tendiente a mitigar desastres, sirviendo las obras para
la reducción de posibles daños.

La construcción de muros de Contención que evitan deslizamientos de
tierra. Canalización y encaches de cañadas que han eliminado el
estancamiento de las aguas. Reforzamiento de viviendas con
técnicas apropiadas y sencillas de construcción resistentes a sismos y
huracanes.

Las cosechas son muy significativas en la reducción de
vulnerabilidades. Las mismas son de índole social, física, política,
educativa y ecológica.

SOCIAL: Fortalecimiento de las organizaciones comunitarias y su
relación entre sí mismas, la población y las formas apropiadas de
cara a la emergencias y desastres.
FÍSICAS: Mejoramiento individual y colectivo de las estructuras
existentes. Construcción de pequeñas obras en las que ellos hacen
sus aportes e inician un nuevo estilo de vida segura.
POLÍTICA: Asumiendo iniciativas dentro de la comunidad para
enfrentar sus problemas y no depender totalmente de las
autoridades.
EDUCATIVAS: Informar y orientar a través de la capacitación a los
miembros de las comunidades sobre la preparación y respuesta ante
situaciones de riesgos por fenómenos naturales o humanos.
ECOLÓGICAS: Con la asistencia de información y orientación para la
protección y preservación del medio ambiente.

En pocas palabras, la incidencia del programa de formación
comunitaria de preparación para desastres implementado por la
ADMD ha generado iniciativas propias de las comunidades,
trascendentes y ejemplares. Demostrando lo mucho que puede hacer
una comunidad cuando ella se dispone y es acompañada por las
autoridades y grupos externos.

Esa experiencia es la que nos ha motivado a plantear un estilo de
intervención en las comunidades con una visión diferente entre lo que
se debe hacer y lo que siempre se ha hecho de manera errada;
partiendo de las posibilidades socio-económicas de un país como el
nuestro.

IX – Cómo intervenir y acompañar a una comunidad en su
proceso de desarrollo, enfocados hacia la preparación para la
prevención de desastres naturales.

La ADMD hace suyo el concepto de PREPARACION CONTINUA ante los
Desastres Naturales, con participación de la comunidad como un
principio organizativo. Parecido al de la Educación Continuada, que se
refiere al proceso de aprendizaje formal (dentro de un sistema
educativo) e informal (incidental) que los individuos realizan a lo
largo de sus vidas, con el fin de alcanzar la meta de crear una cultura
de prevención de desastres.

Partiendo de que el ser humano, por medio de una adecuada
preparación, es el encargado de atender de manera racional todas y
cada unas de las consecuencias destructoras que desequilibran la
armonía del diario discurrir y la alteraciones del medio ambiente (Dr.
Jean Luc Poncel)

1- Trabajar con la gente, no para ellos: Debemos ayudarles a
comprender, analizar, planificar y realizar, pero no debemos
hacerlo para ellos. Tienen el derecho de rechazar las
sugerencias de expertos, aunque se equivoquen. El desarrollo
surge del conocimiento que tiene la gente sobre sus propias
necesidades.

2- El desarrollo es un proceso de concienciación: Es una manera
en que las personas se ven a sí mismas y se dan cuenta de su
derecho de vivir como seres humanos seguros, la gente es
inteligente, tienen experiencias valiosísimas que podemos
aprovechar.

3- Dejar que la Comunidad pueda crecer: El desarrollo es el
fortalecimiento del pueblo, para que pueda construir su propio
futuro. Desarrollo es libertad. El desarrollo es difícil para la
gente acostumbrada a vivir por mucho tiempo en dependencia
y sin esperanza. El tomar una decisión y el hacer algo produce
dignidad y autorespeto. Todo esfuerzo en materia de
prevención de desastres debe comenzar con la potencialidad de
la comunidad, fundamentado en un equilibrio de género y edad.

4- Fortalecer la solidaridad de las comunidades, de la gente: El
desarrollo ocurre conforme las personas trabajan juntos con
otras en solidaridad. Como personas que comparten
vulnerabilidades, amenazas y riesgos; sin ser egoístas y
preocupándose por los demás.

5- Fortalecer las organizaciones comunitarias locales: Para
contribuir con las comunidades en la preparación para la
prevención de desastres naturales, se deben establecer enlaces
con otros grupos a nivel de la comunidad. La participación de
las autoridades para poder incrementar el poder de negociación
que en materia de reducción de vulnerabilidades y mitigación
de destres se trate. Haciendo posible una integración amplia,
real y verdadera.

X – Comunidad y sectores externos de cara a la gestión de
riesgo

Finalmente, el papel activo que puede jugar la población se vuelve de
vital importancia, ya que es el nivel local el que responde primero
después de un desastre. Esa respuesta podrá darse con efectividad
según el nivel de preparación de la comunidad.

La comunidad conoce los escenarios de riesgos con los que ha
convivido y hay que convivir cuando dispone de su Plan de
Emergencia, por lo que el plan deberá ser siempre una herramienta
útil para ellos.

En cuanto al apoyo que debemos dar a las comunidades en materia
de gestión de riegos, el mismo debe ir en consonancia con las
capacidades locales, tomando en cuenta que haya aspectos técnicos
que la comunidad no maneje.

Por instinto natural, si se puede decir, los pobladores conocen las
modificaciones de las naturalezas en el territorio que habitan. Ellos
son muy apegados a sus costumbres, existen esos niveles de
pertenencia que de una manera u otra ayudan a la solución de los
problemas, porque hacen partes de un proceso que entiende es de
ellos.

Conoce las características de la población, tipos de patrones
culturales, vida cotidiana, aspectos de alimentación, formas de
comunicación, etc.

La acción para prevenir, mitigar y afrontar las emergencias no debe
ser responsabilidad exclusivamente de las autoridades, Ongs, etc.,
es también de los lideres locales que se integran y participan cuando
respetan sus ideas, sus costumbres.
_________________________________________
Fuentes consultadas:
1. Herridge, Christine. Ponencia de la Asociación Dominicana de
Mitigación de Desastres ante la Conferencia Regional Caribe,
Desastres y Sociedad (9 /11/ 1999).
2. Florez, Jhon, y Dr. Poncelet, Jean Luc. Conferencia
Hemisférica del Sector Educativo para la Mitigación de Riesgos
de los Desastres Socio-Naturales. Medio Electrónico http:
www.arq.uev.v /comir /AREACA.html, (04/03/05)
3. Universidad APEC – Educación Continuada. Medio Electrónico
http://unapec.edu.do/educont/, (04/03/05)
4. Avelino Rosario, Jesús Antonio. Base Legal. Recopilación de
Leyes, Decretos, Reglamentos, Memorandums y Disposiciones
Administrativas relacionadas a la Gestión de Riesgos.
(2004).
5. A. Hope, S. Timmel & C. Hodzi. Educación Transformadora:
Una guía para facilitadores de la comunidad. (1992).
6. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (La
Reducción de Riesgos de Desastres: Un desafió para el
desarrollo; Informe mundial, 2004)

By |2018-10-22T20:16:54+00:00octubre 22nd, 2018|Artículos y documentos|Sin comentarios

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La Asociación Dominicana de Mitigación de Desastres (ADMD) es una Organización No-Gubernamental sin fines de lucro, auspiciado originalmente por el Proyecto de Mitigación de Desastres en el Caribe (PMDC),

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